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sábado, 21 de diciembre de 2013

Robinia Pseudoacacia - Robinia

La conocida Robinia es una leguminosa de tamaño imponente que ha sido usada abusivamente como árbol ornamental en muchas ciudades por su elegante aspecto y sus densos racimos de flores. Sus hojas son tambien otro motivo de atracción, sumada a su resistencia a sequías cortas y a la facilidad que supone su mantenimiento. A pesar de todas las ventajas decorativas que ofrecen, se trata de plantas invasivas muy nefastas por el hecho de que absorben muchísimos nutrientes, destruyen las raíces de los demás árboles con los que conviven (las distintas especies de coníferas son las más afectadas) y arrebatan la función ecológica a otras plantas al ser el centro de atención de todos los insectos polinizadores y de los pájaros que construyen nidos en los árboles. A partir del 1 de Enero de 2014, todos los viveros y centros de jardinería deberán deshacerse de todos los ejemplares que tengan a la venta, ya sea especímenes puros o variedades ornamentales (las variedades Umbracurifera, Frisia y Casque Rouge no son ni mucho menos invasivas, pero también deberán destruirse). Originario del continente australiano, concretamente de las zonas selváticas en las que abunda el agua, este árbol se maturalizó en el continente europeo hacia el siglo XV, y desde entonces ha causado grandes daños ecológicos en muchos lugares en los que se ha instalado.

Se trata de un árbol de crecimiento muy desigual que puede adquirir distintas formas segun cómo se vaya recortando. De hasta 30 metros de altura, este árbol posee, en realidad, más de un tronco central que parte del suelo (se han llegado a observar especímenes con hasta cinco troncos centrales), de los cuales pueden surgir otros de su mismo grosor en cualquier punto de los mismos. Cada tronco puede llegar a medir casi un metro de diámetro y se caracterizan por la presencia agrietada y desgastada que les da la corteza que los recubre. Las auténticas ramas que soportan las hojas no miden más de un centímetro de diámetro y son frágiles, así como los troncos, por lo que es frecuente que se partan en condiciones de déficit hídrico, falta de luz o por envejecimiento, lo que puede desencadenar situaciones de riesgo en el caso de árboles usados como decoración en las calles y parques. Las hojas, de color verde muy intenso, son compuestas y folioladas, con el nervio central bien visible y con hasta 25 foliolos ovalados o elípticos, de hasta 7 centímetros de largo y 4 de ancho. Produce abundantes y densos racimos de flores blancas, comestibles, melíferas y agradablemente aromatizadas de unos poco más de 1 centímetro de diámetro y con la forma típica de las flores de las leguminosas, es decir, con un pétalo grande y redondeado y dos más pequeños y alargados que protegen los pistilos y estambres de la flor. El aspecto que adquieren cuando están floridos es realmente espectacular, más aún si gozan de muchísima luz solar directa. Los racimos de flores dan paso a frutos en vaina, dehiscentes y que se secan completamente cuando maduran, mostrando semillas muy curiosas, idénticas a las judías, pero de algo más de 6 milímetros de diámetro, de color marrón pardusco y que pueden ser viables durante 20 años. Es un árbol caduco que pierde todas las hojas a principios de otoño y las recupera en primavera, presentando durante toda la estación fría abundantes vainas que le dan un aspecto poco llamativo. Otra característica de este árbol es su sistema radicular formado por un simple rizoma de hasta 7 centímetros de diámetro, de color negro y con abundantes rizoides que lo anclan fuertemente al sustrato en el que viven. Tanto el rizoma como los rizoides son muy resistentes y difíciles de partir. Las variedades comercializadas son la Umbraculifera, de copa globosa, tronco único, flores blancas y hojas verdes, la Frisia, de hojas doradas, flores blancas y tronco a veces múltiple, y la Casque Rouge, de flores violáceas, hojas verdes y tronco a veces múltiple.

Se trata de un árbol cuyo cultivo no representa ninguna dificultad, llegando a soportar condiciones muy pobres de mantenimiento sin prejuicios graves aparentes, aunque el estado de un árbol adulto depende de cómo se haya cuidado durante la fase juvenil, que es cuando son más sensibles. Es muy importante que reciban abundante luz solar directa durante el mayor tiempo posible, por lo que su ubicación debe ser siempre en sitios muy descubiertos que reciban una insolación considerable, aunque puede soportar una ligera sombra, algo aconsejable si en verano las temperaturas suben en exceso. Si no recibe suficiente sol directo se producen menos hojas y flores, las ramas se vuelven más frágiles (lo que hace que se partan con mucha más facilidad) y viven mucho menos tiempo. Otro requisito importante de la Robinia es el agua, que nunca debe faltar cuando es joven (regar de forma que se mantenga el sustrato siempre muy húmedo), aunque cuando superan los cinco o seis años de vida pueden tolerar sequías más o menos largas siempre que no se combinen con calor demsiado fuerte. En el caso de los árboles adultos es recomendable regar una vez cada semana cuando estén en desarrollo vegetativo y una vez cada dos o tres semanas cuando estén en reposo. Agradece que la humedad del aire sea más o menos elevada (en torno al 50% de forma constante) por lo que aprecia vaporizaciones frecuentes sobre el follaje especialmente si hace mucho calor. No es un problema grave que el suelo se encharque, pues la gruesa capa leñosa del rizoma evita que se pudra por esta causa, aunque si se prolonga mucho la situación se acaba resintiendo antes o después. Sólo si los árboles tienen menos de cinco años no hay que dejar secar nunca el suelo. No son para nada exigentes con el suelo, desarrollándose en sustratos arenosos, limosos, arcillosos y cenagosos, siendo estos últimos los más adecuados para su cultivo. Puede ser ácido, neutro o calizo (pH entre 5 y 9), pero no soporta la sal. Es recomendable una cierta aireación en el suelo para permitir el desarrollo de las bacterias fijadoras de nitrógeno que se simbiotizan con las raíces (Micorrizas), algo común en todas las leguminosas y muy beneficioso ya que se aumenta la fertilidad del suelo. Es necesario abonar para que florezca con abundancia, aunque como las Micorrizas le suministran ya bastante nitrógeno conviene usar un producto exclusivo para plantas de flor, rico en potasio, al menos una vez a la semana o cada dos semanas. Es también muy adaptable a la temperatura, soportando mínimas de hasta -10 ºC y máximas cercanas a los 55 ºC (en este caso sólo si disponen de mucha agua a su alrededor). Temperaturas inferiores a -10 ºC dañan las yemas latentes, y si se llega a -20 ºC el árbol acaba muriendo. Cabe destacar tambien que sólo deben trasplantarse cuando son jóvenes, pues para los árboles demasiado viejos pierden casi toda la superfície de Micorrizas indispensable para su crecimiento, por lo que acaban muriendo.
Supone una excelente opción decorativa para cualquier estanque de agua dulce por su porte y su aspecto, y de hecho sería una especie ideal para asociaciones y arreglos con otros vegetales si no fuera por el enorme poder destructor de sus rizomas y rizoides. Las Robinias son árboles muy robustos, muy agresivos y de crecimiento muy rápido, que acidifican el suelo y dejan sin nutrientes al resto de plantas, por lo que es muy complicado encontrar una especie vegetal que resista tales problemas. Para solucionar esto basta con colocar las Robinias en macetas de gran tamaño y poner éstas en el sitio deseado, evitándose así que su sistema radicular se expanda indefinidamente. Puede soportar cantidades de agua muy considerables en el sistema radicular, por lo que pueden situarse muy cerca del agua. Bajo las Robínias se pueden poner plantas que requieran sombra, colgar de sus troncos plantas epífitas o agruparlas con árboles que vivan en el mismo hábitat, teniendo siempre la precaución de evitar el contacto de los rizomas de la Robinia con las raíces de los demás árboles para evitar la muerte de éstos.
Una de las razones del poder invasivo de las Robinias es su capacidad de multiplicarse con mucha rapidez de forma vegetativa a base de hijuelos o chupones, lo que les permite colonizar grandes extenisones de terreno en poco tiempo. En algunos lugares de la península Ibérica, por ejemplo, las Robinias han llegado a sustituir bosques enteros de Pinos y Álamos debido a ésta característica. Como se puede deducir, la mejor forma de propagar estos árboles es mediante la separación de los chupones que produce el árbol madre cada poco tiempo. Es necesario arrancarlos con algo de tierra ya que si las raíces se exponen al aire libre, aunque sea poco tiempo, el chupón acaba muriendo. Estos renuevos se pueden plantar en otro sitio distinto, obteniéndose un árbol idéntico al original. Tambien se propagan fácilmente mediante semillas, que pueden almacenarse durante años en un lugar fresco y seco hasta que se quieran sembrar. Es necesario tratarlas para eliminar la impermeabilidad que la superfície de las semillas presenta al agua, algo que puede hacerse sumergiendolas en agua hirviendo durante 20 segundos y lavándolas después con agua fresca. Seguidamente se entierran en su lugar definitivo, germinando en un mes o algo más (si se siembran en primavera pueden tardar poco menos de tres semanas).

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