¡¡¡TRADÚCELO!!!

sábado, 23 de agosto de 2014

Caladium bicolor - Caladio

El Caladio es, para muchos, la planta más hermosa y elegante que puede cultivarse, pero muchos coinciden tambien en que es muy delicada y sensible a muchos errores de cuidado frecuentes, no siendo para nada adecuada para neófitos. Esta planta es originaria de las selvas de suramerica y las islas Antillas, donde vive en posiciones totalmente sombreadas, muy húmedas, bien ventiladas y ausentes de cualquier contaminante aéreo. Cabe destacar que, como casi todas las demás Aráceas, el Caladio es venenoso por ingestión y su savia irrita la piel, por lo que debe tenerse cuidado a la hora de manipularlo y, sobretodo, si se tiene que cortar alguna hoja.

El Caladio es una planta rizomatosa, herbácea y vivaz cuyo sistema de raíces está formado por un tallo subterráneo rígido, tortuoso y de color marrón muy oscuro que llega a medir más de 2 centímetros de diámetro y que dispone de largas raíces tuberosas que lo anclan fuertemente al suelo. Del rizoma nacen varias rosetas de hojas acorazonadas, suaves al tacto, con los bordes lisos y largos peciolos que, en las variedades de más tamaño, llegan a medir medio metro de largo y sostienen hojas de más de 35 centímetros de largo por 20 de ancho, pero hay variedades muchos más pequeñas cuya altura no sobrepasa los 10 o 15 centímetros. El color de las hojas es muy variable y depende del cultivar, pues la especie original salvaje dispone de hojas más grandes y vistosas pero con colores muy poco atractivos. Existen hojas con el centro de color magenta brillante, con toda la superfície de color verde azulado o de color gris plateado, rojas con los bordes verdes, amarillentas con jaspeados blancos y múltiples combinaciones más que hacen que su gama cromática foliar sea muy variada. Durante la estación de crecimiento produce pequeños espádices de flores muy pequeñas, insignificantes pero muy numerosas envueltos por una espata de color blanco mate, inflorescencias que no suelen aparecer fuera de su hábitat natural a menos que se cultive en un emplazamiento constantemente húmedo y sin grandes variaciones de temperatura, pero muchos suelen cortarlas para evitar que resten energía a las hojas, que son su principal atractivo.
El cultivo del Caladio es considerado como el más difícil entre las plantas de interior ya que demanda unas condiciones muy específicas e insaltables sin las cuales es imposible que prospere. Ante todo, el Caladio necesita un ambiente constantemente húmedo (en torno al 80 - 90% de humedad relativa) que sólo se puede conseguir, aunque nunca totalmente, pulverizando constantemente las hojas y colocando la maceta sobre un plato con piedras mojadas. Aun así es muy común que los bordes de las hojas se sequen rápidamente y se caigan, algo que sólo es posible evitar manteniéndola en un invernadero cálido y sobrecargado de humedad. Para que el impresionante colorido de las hojas se mantenga siempre vistoso es necesario una luz muy intensa ya que de lo contrario la planta se torna totalmente verde. Tanto si se cultiva en interior como en exterior es recomendable una posición totalmente sombreada pero que reciba una o dos horas de sol matinal y una o dos de la tarde. El sol directo del mediodía chamusca las hojas, por lo que hay que evitarlo. Como toda planta tropical, el Caladio demanda un ambiente cálido de forma constante, pero teniendo además la necesidad de que no se den variaciones de temperatura de más de uno o dos grados entre el día y la noche, pues es extremadamente sensible a las variaciones de temperatura así como al viento, al calor extremo y al frío. El Caladio no tolera temperaturas inferiores a 15 ºC (se produce la muerte de la planta por enfriamiento del rizoma) ni superiores a 30 ºC (se produce un colapso metabólico mortal) estando la temperatura ideal en torno a 24 - 26 ºC. A pesar de su necesidad de calor constante, esta planta requiere un periodo de reposo invernal anual sin el cual se comporta como una planta anual, por lo que conviene proporcionárselo. Este periodo de reposo puede simularse perfectamente en cultivo artificial suspendiendo gradualmente los riegos a medida que la temperatura desciende hasta 18 ºC, momento en el que se deja totalmente de regar y se cortan las hojas que se secan. La maceta con el rizoma dentro debe permanecer totalmente seco durante dos a cuatro meses a unos 18 ºC de temperatura y, cuando se deba reanudar el crecimiento, se traslada la maceta a un emplazamiento cálido y se reemprenden gradualmente los riegos hasta que aparezcan los primeros brotes. El suelo para el cultivo del Caladio debe ser muy suelto, excelentemente drenado, bien aireado y debe retener una pequeña cantidad de agua en cada riego, debiendo evitarse forzosamente los suelos demasiado compactados, apelmazados o de textura excesivamente arcillosa ya que producen encharcamiento y, por consiguiente, la pudrición de las raíces. Los suelos demasiado sueltos no son recomendables a menos que se rieguen de forma constante, pues esta planta no admite la más ligera falta de agua. El riego debe realizarse de forma que el suelo permanezca siempre húmedo pero no encharcado, y el agua de riego debe estar a temperatura ambiente, ser de pH ligeramente ácido y con poca presencia de calcio y magnesio. Los riegos con agua alcalina y dura crean un medio que imposibilita la absorción de hierro por parte de las hojas, lo que tiene como efecto principal el amarilleo de las mismas debido a falta de hierro. El Caladio tampoco responde bien a los excesos de fertilizantes y únicamente es necesaria una dosis mensual de abono para plantas de hoja. La falta acusada de nutrientes en el suelo detiene totalmente el crecimiento vegetativo y reduce el tamaño de la planta, pero un exceso necrosa las raíces.
La proximidad de fuentes de agua es esencial para el Caladio ya que permite mantener la humedad ambiental en niveles más elevados, por lo que es aconsejable su plantación en las orillas de los estanques siempre que el suelo esté muy suelto y la capa freática no sea superficial para evitar problemas en las raíces. Para disminuir este riesgo se puede usar una maceta de tamaño idoneo y colocarla cerca del agua. Se puede plantar formando alineaciones con otras Aráceas (Calas, Marquesas, Diefembaquias y demás) y plantarse bajo árboles bien tupidos que las protejan del sol directo en exceso.
La propagación vegetativa es la más empleada en esta planta ya que permite obtener plantas idénticas a la madre y, además, es sencilla de realizar. Para ello hay que esperar a que la planta inicie el reposo vegetativo y pierda todas sus hojas. Se debe desenterrar con mucho cuidado el rizoma y cortar con tacto un trozo de unos dos o tres centímetros de largo, limpiarlo bien y enterrarlo en otro sitio. Este pedazo de raíz debe mantenerse, al igual que la planta madre, totalmente seco y a unos 18 ºC de temperatura. El crecimiento se reanuda cuando se simula la llegada de la estación de crecimiento. Tambien se puede intentar la reproducción sexual por semillas pero ofrece el inconveniente de que, en los cultivares híbridos, las plantas que resultan no suelen tener el aspecto de las madres, siendo sólo aconsejable para las variedades salvajes de hojas grandes y poco coloridas. Las semillas deben sembrarse immediatamente una vez que el fruto está maduro, en un suelo suelto y bien drenado, que se mantenga a unos 20 ºC de temperatura y ligeramente húmedo. La germinación ocurre al principio de la primavera cuando se reemprenden los riegos para simular la llegada de esta estación y las plántulas crecen con bastante lentitud. Se pueden pasar a su emplazamiento definitivo cuando miden unos 4 - 6 centímetros de altura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario