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domingo, 17 de noviembre de 2013

Ichthyophthirius Multifiliis - Enfermedad del punto blanco de agua dulce

La desgraciadamente popular enfermedad del punto blanco se ha cobrado muchas vidas de peces de agua dulce mantenidos en acuarios y estanques. Con frecuencia se convierte en una pandemia muy difícil de erradicar debido a su extrema facilidad para propagarse de un pez a otro y a la velocidad con la que lo hace, causando grandes estragos en acuarios de todos los tamaños y biótopos, llegando a afectar tambien a peces mantenidos en estanques exteriores de gran tamaño. Una de las características más destacables de esta enfermedad es su capacidad de latencia, es decir, lo mismo que ocurre con las personas seropositivas en el caso del VIH: Muchos peces llevan en el interior de su cuerpo el parásito adormecido hasta que se instalan en un nuevo medio, liberándolo al agua, donde comienza a infectar al resto de peces. Por mucho que nos fijemos en el pez que compramos (pues en casi todos los casos su aspecto es totalmente radiante) no podremos saber si lleva latente el parásito, así que es mejor pasarle al pez de marras un periodo de cuarentena previo para asegurarse de que no lo lleva.
El agente parasitario causante de esta enfermedad es un microorganismo flagelado denominado científicamente como Ichthyophthirius Multifiliis, que habita en todas las aguas dulces del mundo siendo más abundante en las aguas frías del hemisferio norte y sur del planeta y estando casi ausente en las aguas dulces tropicales de la zona ecuatorial. En la naturaleza este parásito infecta a los peces, aunque debido a la gran cantidad de agua y a la pequeña densidad de población nunca prolifera masivamente hasta constituir un patógeno peligroso para la vida acuática. Los problemas surgen en acuarios y estanques, donde la densidad de población, por muy pequeña que sea, es siempre superior que en la naturaleza, por lo que estos microorganismos sí pueden reproducirse exponencialmente al tener siempre cerca huéspedes a los que infectar. Este parásito no es nada exigente con su huésped, pues la totalidad de las especies ornamentales dulceacuícolas puede verse afectada por él (desde los peces acorazados como las Corydoras y los Ancistrus hasta los más delicados como los Discos, pasando por las distintas especies de Goldfish, Poecílidos, Cíclidos, Tetras y Kois), aunque no produce los mismos daños en todas las especies. Así, los peces con grandes defensas cutáneas sólo sufren un poco de irritación al no tener casi ningún microbio enganchado, siendo muy normal que este problema se cure por si sólo, mientras que los peces Amazónicos, con muy pocas defensas immunitarias, son los más afectados. Son precisamente todas las especies de peces Amazónicos los que más sufren los efectos de esta nefasta enfermedad, siendo muy normal que muchos (especialmente las distintas variedades de Discos) terminen muriendo. Los peces que, a pesar de tener pocas defensas immunitarias, vivan en aguas muy limpias y sin factores de estrés, raramente resultan afectados, ocurriendo lo mismo con los peces con muchas defensas cutáneas pero que vivan en un medio inadecuado bajo situaciones permanentes de estrés. En otros casos la infección se convierte en crónica, es decir, el parásito infecta continuamente a los peces causándoles perjuicios menores durante toda su vida, durante la cual presentan siempre los síntomas. Este parásito penetra en el acuario a través de un nuevo pez, crustáceo o caracol, una nueva planta e incluso con el agua que se agrega al realizar los cambios parciales, por lo que hay que estar muy atento y pasar una cuarentena previa a cualquier animal que vaya a entrar en el acuario y desinfectar minuciosamente cualquier planta o utensilio susceptible de difundir el parásito. Las causas más frecuentes de este problema son las concentraciones elevadas de nitrito y amoniaco en el agua, el estrés prolongado o permanente, una temperatura inadecuada y cambios demasiado bruscos y frecuentes de los parámetros acuáticos.
Como el nombre de la enfermedad indica, el síntoma más claro de esta enfermedad es la aparición de pequeños puntitos blancos por todo el cuerpo del pez, llegando a asentarse también sobre las aletas, las branquias, los ojos e incluso en el interior de la boca. Estos puntos suelen tener un diámetro de medio milímetro, y no son más que la piel del pez estirada sobre el agrupamiento de parásitos que se aloja justo debajo de la misma. En ciertos casos se pueden producir puntos de hasta tres milínmetros de diámetro cuando varias colonias de parásitos se juntan. Otro de los síntomas más clásicos de este problema consiste en que los peces afectados se rascan desesperadamente contra todo lo sólido del acuario para aliviarse el intenso picor que sufren e intentar deshacerse de los microorganismos. En muchos otros casos se oberva, además, aceleración de la respiración branquial, apatía, negativa a alimentarse, arqueamiento del cuerpo y plegamiento de todas las aletas, dándose también incluso negativa a alimentarse. Es muy común que se den de forma casi simultánea infecciones de la sangre, úlceras, y podridura de aleta debido a las heridas que se produce el pez al rascarse o al desprenderse las colonias y por el debilitamiento acusado del cuerpo al combatirlos. En los casos más graves los peces afectados acaban muriendo irremediablemente si no se trata el problema de immediato. El ciclo vital de este microorganismo es muy simple: Primero el parásito nada por el agua para penetrar la epidermis del pez, alojándose entre esta y los músculos. Una vez allí, empieza a extraer la sangre del pez para nutrirse. Una vez se ha multiplicado lo suficiente, la colonia resultante se desprende del cuerpo del pez enfermo, cae al sustrato y se fragmenta en miles de nuevos microbios que empiezan de nuevo el ciclo. Algunas de estas colonias se envainan y permanecen adheridas a las plantas, las rocas, el sustrato, los cristales del acuario o en el cuerpo de los peces, resistiendo así hasta más de un año. Esta forma de "esporulación" les asegura la supervivencia en caso de que el resto de microbios vivos muera. Hay que tener en cuenta que la velocidad del ciclo vital de este microbio es directamente proporcional a la temperatura del agua: Cuanto más caliente esté esta, más rápido se completa el ciclo vital.
Existen muchos tratamientos distintos para acabar con éste parásito, algunos más efectivos que otros, pero merece la pena actuar siempre al menor indicio de su presencia para evitar bajas importantes. Si se usan medios químicos, que son los más eficaces, hay que saber que sólo producen algun efecto si los parásitos están en la fase de natación libre. Entre estos medios se encuentra el verde de Malaquita, un colorante que da muy buenos resultados, pero que debe aplicars en un acuario a parte ya que destruye las colonias de bacterias nitrificantes de todo el acuario y extermina todas las plantas, además de que se altera con la luz y es muy tóxico para invertebrados y ciertos peces como los Loricáridos, y el Flagyl, un medicamento para humanos usado para el tratamiento de la Candidiasis vaginal. Este medicamento en particular se ha mostrado muy efectivo contra la enfermedad del punto blanco, presentando, además, la ventaja de que no destruye las bacterias desnitrificantes del acuario y no resulta tóxico para las plantas y los invertebrados, siendo muy bien tolerado por cualquier especie de pez, pero debe aplicarse en acuarios sin carbón activo ya que éste material absorbe el medicamento impidiendo que sea efectivo y, especialmente, debe apagarse la luz durante el tratamiento, pues esta destruye el principio activo del Flagyl. Si se emplea Flagyl, debe subirse la temperatura del agua hasta 30 ºC y apagarse la luz durante todo el tratamiento (es necesario, además, sacar el carbón activo del filtro). Se empieza con una pastilla por cada 30 - 40 litros de agua de acuario, dosis que debe reponerse al cabo de 48 horas tras cambiar un 30% del agua del acuario. El primer tratamiento dura una semana, pudiéndose realizar hasta tres más en caso de que no se observen mejoras. Algunos aficionados han probado que es mucho mejor subir la temperatura del acuario hasta 33 ºC de forma muy gradual, desapareciendo el parásito a los dos días y sin problemas aparentes en los peces (algo que sólo se puede hacer si los peces que se mantienen resisten las altas temperaturas) o, simplemente, corrigiendo los problemas del agua (tasa de nitrógeno, temperatura, decoración o compañeros inadecuados) en vez de usar productos químicos que, en caso de usarse mal, pueden acabar con los peces enfermos o, peor aún, originar mutantes resistentes. Una forma muy eficaz de desinfección, en caso de que todos los peces hayan muerto, consiste en subir la temperatura del agua hasta 35ºC y no poner ningun pez en dos días, pues si el parásito libre no encuentra ningun huésped, muere rápidamente. Se da, además, el hecho de que si los peces consiguen sobrevivir a la infección es muy poco probable que vuelvan a caer enfermos, aunque pueden ser portadores del parásito latente en su cuerpo.

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